En 2024 el libreto “Lecciones para sobrevivir la noche más larga”, de Rosalba Guzmán –una adaptación de la novela El caso Anne (2018), de Gustavo Dessal–, ganó el Concurso de Dramaturgia de la alcaldía de Cochabamba. La puesta en escena se llama Anne, y recientemente fue presentada en La Productora, de Cochabamba. Esta es una crónica integral de un notable proyecto teatral.
Brújula Digital|11|01|26|
Stefan Gurtner
“Esta es la historia de una mujer sin edad, sin tiempo recorrido”, comentó la dramaturga Rosalba Guzmán. “Hija de una pareja superviviente del Holocausto, Anne es también una superviviente que debe enfrentar sus propios fantasmas. Tiene una madre herida de muerte y un padre que se ha propuesto salvarla. Anne, la hija, madre de otras hijas, tiene que inventar sus propios recursos para sobrevivir a esa guerra familiar que nunca termina”.
El autor de la novela permitió a Rosalba realizar la adaptación dramatúrgica, “respetando la esencia de la obra y los perfiles psicológicos de los personajes”, según sus propias palabras. Siendo ella misma escritora y psicoanalista de profesión, no solo cumplió con esas pautas y con las características del original –cuya trama se desarrolla en Estados Unidos–, sino que realizó una adaptación muy profunda al contexto boliviano. Creó una estructura dramatúrgica compacta con una narración enmarcada que se desarrolla en la habitación de un hotel. Los recursos literarios que empleó son numerosos y creativos, como canciones, recetas hebreas o los fantasmas de sus padres, que de esa forma no aparecen en la novela.
Recientemente la obra se estrenó en Cochabamba a cargo de la compañía de teatro Madrastra, bajo la dirección de Alejandro Marañón y Fabiana Montoya. Al haber sido parte del jurado del mencionado concurso de dramaturgia, mis expectativas para verla eran, obviamente, altas, y solo puedo decir: ¡qué trabajo! Dramaturga, directores, actrices y actores entregaron un notable producto, después de un proceso de construcción y preparación inusualmente largo.
Así, la dirección definió que Anne, su padre y su amigo imaginario Norman, interpretados por Melita del Carpio, Samuel Reyes y Ángelo Balaram, hablaran con acento alemán; y que el espíritu de la madre, encarnado por Rebeca Galetovic, lo hiciera incluso íntegramente en alemán, aunque en la vida real todas y todos sean de habla hispana. En este contexto, no importa que su pronunciación quizá no sea cien por ciento perfecta, aunque realmente hicieron un gran esfuerzo. He conocido a un emigrante alemán desarraigado que vivió durante mucho tiempo en Argentina y que hoy no habla correctamente ni alemán ni español; por lo tanto, es absolutamente creíble que algo así ocurra.
El humor también constituye un elemento fundamental en la obra, ya que ayuda al público a sobrellevar esta historia triste, en partes casi insoportable. Por ejemplo, cuando Anne se embriaga mientras conversa con Norman, o cuando se transforma en Caperucita Roja y canta al lobo feroz. Como decía Brecht: “es terrible vivir en un país sin humor. Pero aún más terrible es vivir en un país donde se necesita humor”.
Considerando que es el primer trabajo que realizaron con Madrastra, los demás actores –Ricardo Camargo como el doctor Palmer, Jeyson Mirabal como médico y Giovanni Fossati como camarero– también se desempeñaron con una seguridad sorprendente y convencieron en sus papeles gracias a la credibilidad que imprimieron a sus interpretaciones. Asimismo, se debe mencionar a Cleidy Montesino, quien acompañó la presentación con música y canciones en vivo.
“Fue un proceso largo, lleno de etapas: lecturas, crisis, la búsqueda de un elenco estable, ensayos, nuevas crisis y el ingreso de actores nuevos; la primera pasada, la adaptación al alemán; nuevas pasadas, más crisis; producción, ensayos finales, puesta en escena y presentación. Pensar que el producto que se puede ver ahora tiene un sinnúmero de capas que terminan cerrando en una etapa más: la primera versión de Anne”, relató el director Alejandro Marañón respecto a la difícil construcción de la obra, insinuando que ese proceso continúa aun después del estreno.
Sobre el trabajo de la protagonista, opinó: “Melita es una actriz total; eso ya es la mitad del trabajo. Su proceso, junto a los límites y las riquezas que ella tiene, y al lado de tantos otros en escena, han formado a nuestra Anne”.
Sin duda, el rol de Anne está hecho a la medida de Melita del Carpio, hoy en día la gran dama del cine y el teatro bolivianos, como ya dije una vez. Ante la pregunta al respecto, ella respondió confirmando las palabras de su director: “viví una entrega total para interpretar a Anne y fui asumiendo todas las exigencias de Alejandro, que fueron muchas. No solo me pedía recitar el texto con acento alemán, sino, al mismo tiempo, hincarme, arrastrarme por el piso, meterme bajo la mesa, caerme y levantarme, cantar, bailar… Me puse rodilleras y nunca dije: ‘esto no puedo’”.
Personalmente considero que Anne es una obra importante y le deseo numerosas funciones, así como la participación en festivales nacionales e internacionales; sin duda, se convertirá en uno de los montajes teatrales del año en Bolivia. Es importante porque refleja de manera contundente los efectos de la violencia extrema sobre las personas.
Al preguntarle por qué el tema del Holocausto sigue siendo tan actual a pesar de la creciente polarización entre los defensores de la causa israelí y la palestina, la dramaturga Rosalba Guzmán respondió: “creo que el Holocausto es el nombre de la ignominia; la marca que queda en la piel del mundo por todos los pueblos que sufren a causa de las guerras y por todos los seres humanos que arrastran sus consecuencias durante generaciones. No se debe olvidar, para no repetir”.