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Bitacora | 04/01/2026   07:05

Por la cintura cósmica del sur

Extractos del estudio introductorio del libro Cuatro siglos de literatura en Bolivia en el horizonte del bicentenario republicano (1825-2025), publicado hace poco por las editoriales 3600 en Bolivia y Renacimiento en España.

Imágenes de la presentación del libro en La Paz.
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Brújula Digital|04|01|26|

Tatiana Alvarado Teodorika

El orden de las contribuciones responde a la cronología del periodo que se estudia, de ahí que nuestro libro se abra con el trabajo de Andrés Eichmann, quien ha dedicado varias décadas al estudio del período virreinal. En esta ocasión nos ofrece un amplio panorama sobre la cultura libresca en la Real Audiencia de Charcas: los libros que escribieron autores “con diversos grados de charqueñidad (desde criollos o españoles afincados en Charcas por muchos años, hasta viajeros o funcionarios que reflejan lo que observaron a su paso por estas tierras)” entre 1534 y 1825. A continuación, y para ampliar ese panorama inicial, nada desdeñable, se refiere a la educación y se extiende en el tiempo hasta 1870: saca a la luz datos que dan cuenta de la riqueza y la complejidad de este periodo, con ejemplos de educación de indígenas y mujeres, entre los que destaca algunos casos. Y, como muestra del tesoro del período prerrepublicano de Charcas, presenta un par de obras poéticas del 1600, editadas por primera vez para esta ocasión.

En la siguiente contribución, Fernando Iwasaki observa y nos invita a saborear desde la frontera temporal bisagra entre el periodo virreinal y el republicano. Acompañamos a Juana Manuela Gorriti, la que nació en Salta, se enamoró en Tarija y floreció en Lima; la que aceptó hacer pública, en un libro (Cocina ecléctica), su mea culpa a insistencia de sus amigas, esas amigas que Iwasaki enlista y, en algunos casos, retrata, desde el arte culinario sin fronteras, esas amigas que escriben desde Oruro, desde Co-chabamba para hablar de sabores de Sucre, pero también desde Cusco, Córdoba, París o Nueva York. Una red que recuerda otra coetánea, la que fundaran Ricardo Jaimes Freyre y Rubén Darío en Buenos Aires, con la Revista de América, o aquella red, posterior de tres lustros, que encabezó en Tucumán el mismo Jaimes Freyre con la Revista de Letras y Ciencias Sociales para la cual también escribían desde distintos puntos cardinales y meridianos intelectuales: Bogotá, Buenos Aires, Madrid o La Paz

A propósito de revistas, se trata de un ámbito en el que ha avanzado la investigación en estos últimos años, y la muestra más representativa es, quizás, el reciente estudio de Omar Rocha Velasco que se centra en ellas. Si bien nos empeñamos en darles la nacionalidad de su lugar de publicación, no cabe duda de que se enriquece con un diálogo que trasciende lo nacional, como hizo Amauta (1926-1932), desde Lima, con José Carlos Mariátegui, a la cabeza, creando una red de vanguardia que exploraba y discutía, a través de la estética y la política, diferentes movimientos de transformación social. Si bien se suele insistir en la colaboración de César Vallejo, Gamaliel Churata, Giuseppe Ingegnieri (José Ingenieros), Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, Ga- briela Mistral, Diego Rivera, Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, o Pablo Neruda, por ejemplo, también firmaron sus páginas Franz Tamayo, Óscar Cerruto y Tristán Marof. Algo parecido podría decirse sobre el contemporáneo Boletín Titikaka (1926-1930) que llevaba Gamaliel Churata y su hermano Alejandro Peralta, y ni qué decir de la revista fundada y dirigida por Victoria Ocampo, Sur (1931-1971); o Sísifo (1959-1964) de vida breve, que dirigen Roberto Echazú y Jesús Urzagasti, y se publica primero en Córdoba y luego en La Paz.

Prosiguiendo nuestro recorrido, la siguiente contribución se detiene en las postrimerías del siglo XIX, ya dando los primeros pasos en el XX. Alba María Paz Soldán, que ha dedicado gran parte de su obra intelectual a este período, indaga el lugar del “velo” en la literatura narrativa de ficción de Adela Zamudio en la compleja organización de Íntimas (1913) y a partir de su poemario Ráfagas (1914). La primera novela epistolar en Bolivia fue una obra recibida sin entusiasmo por la crítica de su época, pero su recuperación, al principio lenta, es un hecho consumado en el siglo XXI. El aporte de Paz Soldán corona los estudios zamu-dianos que se han llevado a cabo en los últimos treinta años (…).

El trabajo de Carlos Mata Induráin también arranca en el crepúsculo del siglo XIX y da varios saltos en el siglo XX para ofrecer un panorama con una selección de composiciones poéticas en las que se evoca la figura de Miguel de Cervantes en la poesía boliviana. Parte del trabajo de Luis Quiroz, quien reunió, tras décadas de investigación, en más de novecientas páginas: artículos, discursos, ensayos, obras teatrales, novelas, cuentos y poemas inspirados a lo largo de un siglo en la figura del alcalaíno o en su caballero andante. También obras pictóricas, algunas de ellas hoy perdidas, como los murales de Milquer Yapur Daza en el desaparecido Cine Cervantes de Potosí. Carlos Mata comenta y anota siete sonetos allí compilados –en su mayoría compuestos en torno a los años del tercer centenario del nacimiento de Cervantes– y un romance que evoca al imaginado “Corregidor de la Ciudad de la Paz” (…).

Con un enfoque comparatista sobre el siglo XX, el estudio de Cristina Fangmann y Alfredo Grieco y Bavio se ocupa de obras narrativas en Bolivia y en Argentina entre 1946 y 1964, un período en el que se constata un desplazamiento desde la poesía hacia la prosa de ficción en ambas literaturas “sin auténtico parangón latinoamericano”. Quizás el diálogo entre ambas literaturas haga eco de las insistentes palabras de Borges, que recordaba, siempre que se le daba la ocasión, que había sido “un boliviano” (Mar- cial Tamayo) el primero en estudiar su obra (como vuelven a subrayar Fangmann y Grieco y Bavio), acaso resuenen aquellas palabras también de Borges, de reiterada predilección por los versos de Ricardo Jaimes Freyre en “Peregrina paloma imaginaria” (…).

La necesidad de escudriñar aún más en el siglo XX (otro que dio excedidas pruebas de iniquidad, aunque parece ser que este nuevo siglo lo desafía), y en quienes, lejos de desentenderse de la sociedad y el tiempo que les tocó vivir, se comprometieron para obrar y decir, e hicieron de la palabra y de la literatura parte íntegra de su lucha por un mundo más justo es muestra del aporte de María José Daona. Analiza y medita la palabra y el quehacer de tres hombres emblemáticos y excepcionales, que son parte de la historia de Bolivia y Argentina y del pensamiento social en general: Marcelo Quiroga Santa Cruz (1931-1980), Rodolfo Walsh (1927-1977) y Luis Espinal (1932-1980); el periodista y novelista, el periodista y escritor y el jesuita y cineasta que creían que la literatura podía hacer prodigios en la realidad, que la ficción sabía representar los hechos y que el intelectual era y tenía por misión ser una suerte de vigía de la sociedad. Se trata de una perspectiva comparativa novedosa. A esta novedad se suma el que la autora haya tomado en cuenta a aquellas mujeres, íntimamente ligadas con la palabra de estos hombres que ostentaban el protagonismo en sus escritos, para restituirles, de distintas maneras, su lugar en el relato y en su respectiva transmisión, y así devolverles la palabra, ausente, replegada o mediada. Estamos hablando de: Cristina Trigo Viaña (1935-2034), Enriqueta Muñiz (1934-2013) y Domitila Barrios de Chungara (1937-2012).

La siguiente contribución parte de los años 6o para continuar el camino en el tiempo hacia el siglo XXI. Teodosio Fernández analiza la poesía de Pedro Shimose, “entre compromiso y lucidez”, hace un recorrido a través de diez poemarios del riberalteño, desde Triludio en el exilio (i961) hasta No te lo vas a creer (2001). Nos lleva por las inquietudes religiosas y las diversas fuentes de inspiración del poeta, subraya el proceso de reescritura de los poemas y de reconfiguración de los poemarios, revela su etapa de denuncia, y da cuenta de la transformación de la voz comprometida en una voz resignada, a la vez que detecta y destaca la singularidad de una etapa intimista (…).

El último de los estudios reunido lo debemos a Ana Rebeca Prada, que revisa la tarea “de los rescatiris en el campo literario boliviano de las últimas décadas”, partiendo de Hacia una historia de la literatura en Bolivia, y sirviéndose del término que acuñara Marcelo Villena Alvarado en 2017. Subraya la innegable labor de rescate de obras literarias de los siglos XIX y XX, esencialmente, que se ha llevado a cabo desde mediados de los años 80 del siglo pasado. El lector hallará en estas páginas una mina de los tesoros rescatados y podrá valorar el inestimable trabajo y la dedicación de quienes han hecho posible ese rescate (desde dentro y fuera de las fronteras geográficas de Bolivia), esfuerzos a los que se sumaron proyectos institucionales, algunos de los cuales siguen en pie (…).

Con el estado de la cuestión sobre los rescatiris y sobre los rescates se cierra el conjunto de estudios de nuestro libro. Los ensayos que siguen, dedicados a dos reconocidos y emblemáticos poetas del siglo XX, Jaime Saenz y Eduardo Mitre, corren a cargo de Diego Valverde Villena y de Gabriel Chávez Casazola. El paseo con la figura de Saenz, por su taller y más allá de él, su minuciosa labor de relojero, su misteriosa labor de alquimista; y la caminata por el mundo con los ojos de Mitre, que nos enseña a maravillarnos con el misterio del mundo (…).



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